El tomate es originario de América del Sur, donde formaba parte de la alimentación cotidiana de diversos pueblos precolombinos. Con la llegada de los europeos en el siglo XVI, este fruto viajó desde el Nuevo Mundo hasta Europa y, poco a poco, fue ganando espacio en la cocina del continente.

123RF Limited©4memorize. Tomates recién cosechados

Aunque durante años se consideró una planta ornamental, el tomate terminó consolidándose como un alimento imprescindible, especialmente en la dieta mediterránea, donde hoy es protagonista de ensaladas, salsas, guisos y numerosos platos tradicionales. Su historia demuestra cómo un ingrediente humilde puede convertirse en un símbolo de sabor, cultura y bienestar.

El tomate es mayoritariamente agua y es bajo en calorías, pero concentra vitamina C, carotenoides (especialmente licopeno), potasio, fibra y numerosos compuestos fenólicos con potente actividad antioxidante. La variedad, el grado de maduración y las prácticas de cultivo pueden cambiar notablemente esta composición, por lo que tomates bien maduros y variedades ricas en pigmentos suelen ofrecer el mayor aporte de compuestos protectores.

En las últimas décadas, la evidencia científica ha situado al tomate mucho más allá de su papel culinario, destacándolo como un alimento con efectos relevantes para la salud humana.

Cada vez más estudios coinciden en que el consumo habitual de tomate, productos derivados, y compuestos bioactivos se asocian con una menor mortalidad, menos enfermedades del corazón, y un riesgo reducido de ciertos tipos de cáncer, como el de próstata y el de estómago.

La variedad, el grado de maduración y las prácticas de cultivo pueden cambiar notablemente su composición

Más allá de sus efectos sobre la salud cardiovascular, la investigación reciente sugiere que los beneficios del tomate podrían extenderse también al cerebro y al bienestar emocional. En este sentido, las personas con un mayor consumo de tomate tienden a mostrar un mejor rendimiento cognitivo.

El licopeno, el antioxidante que da al tomate su color característico, se ha convertido en un aliado de la salud cardiovascular. Los estudios señalan que su consumo habitual puede ayudar a reducir la presión arterial, mejorar la salud de los vasos sanguíneos y disminuir el riesgo de enfermedades del corazón.

Bastaría con una cantidad diaria equivalente a uno o dos tomates (5-30 mg de licopeno) para empezar a notar estos efectos, especialmente en el control de la presión arterial. Esta cantidad de licopeno no solo protege la salud del corazón, sino que también se ha asociado con un menor riesgo de cáncer de próstata en hombres con alto riesgo cardiovascular, ofreciendo un doble beneficio para esta población.

GIRL CHOPPING TOMATOES
123RF Limited©soleg

Por otro lado, se ha observado que las personas con demencia presentan niveles más bajos de licopeno en plasma en comparación con individuos cognitivamente sanos, y que una mayor ingesta de licopeno se asocia con menos síntomas depresivos. En conjunto, estos resultados refuerzan la idea de que incluir tomate de forma habitual en la dieta puede contribuir a la salud cardiovascular, y también a la prevención del cáncer y al cuidado de la mente.

Pero los beneficios del tomate no se limitan al licopeno. También es una fuente rica en antioxidantes, vitaminas y compuestos fenólicos, que protegen las células del daño oxidativo y la inflamación, contribuyen a regular el colesterol y la presión arterial, y pueden ayudar a prevenir ciertos tipos de cáncer y los efectos del envejecimiento y la diabetes. Estos compuestos se conservan tanto en tomates frescos como en productos procesados, e incluso en subproductos como piel y semillas, que podrían aprovecharse en alimentos funcionales.

¿Es mejor consumir el tomate crudo o cocinado?

No siempre lo crudo es mejor. Cocinar el tomate, especialmente en purés, salsas o guisos, puede aumentar la disponibilidad de compuestos clave como el licopeno y el β-caroteno, que se absorben más fácilmente que en el tomate crudo. La cocción reduce algo de vitamina C, sensible al calor, pero otros compuestos como los polifenoles se mantienen estables e incluso puede aumentar la capacidad antioxidante global.

Preparaciones tradicionales de la dieta mediterránea, como el sofrito, que combina tomate con aceite de oliva y una cocción suave, favorecen la absorción de carotenoides, mientras que aprovechar la piel y las semillas permite incorporar antioxidantes y polifenoles adicionales.

El tomate crudo sigue siendo muy saludable, aportando vitamina C y otros nutrientes esenciales. Platos frescos como el gazpacho, típico de la dieta mediterránea, permiten beneficiarse de estos compuestos sin necesidad de cocción. Por ello, la mejor recomendación es alternar ambas formas de consumo: disfrutarlo fresco en ensaladas o jugos, y cocinado en salsas, purés y guisos. Así se aprovechan todos sus compuestos beneficiosos y se maximiza su aporte nutricional.

En definitiva, el tomate no debe considerarse únicamente como un ingrediente culinario, sino como un componente esencial de una dieta saludable. Aunque no existen recomendaciones oficiales sobre la cantidad exacta a consumir, la evidencia respalda incluir regularmente tomates y productos derivados en la dieta por sus efectos positivos en la salud cardiovascular y general.

Autores: Dra. Anallely López Yerena, Investigadora Posdoctoral, IDIBAPS-UB, y Ricardo López Solís, MSc, Investigador Predoctoral, INSA.

Suscríbete a la Newsletter y recibe Bio Eco Actual gratis cada mes en tu correo

Bio Eco Actual, tu mensual 100% ecológico
Leer Bio Eco Actual Junio 2026