Los envases han evolucionado a la par que la historia de la humanidad, con materiales como la madera, la arcilla, el vidrio, el metal, el cartón, el papel encerado, el aluminio y finalmente los diferentes tipos de plásticos y los envases multicapa. El envasado industrial de alimentos fue una revolución que permitió su conservación, almacenamiento, distribución y comercialización a gran escala y en formatos diversos que cumplían las expectativas y necesidades de la población y también de las empresas. Actualmente, este sector se sigue desarrollando para ofrecer conveniencia, pero también opciones lo más respetuosas posible con el medio ambiente y con la salud.

bote de alubias envasadas
©Bio Eco Actual. Envase de vidrio amigable con el medio ambiente al ser reutilizable y no liberar toxinas

Para el envasado de productos ecológicos se aplican los mismos principios que para su producción y elaboración. Es necesario minimizar el impacto en el medio ambiente y no deben afectar negativamente a la calidad y salubridad de los alimentos, es decir, no se deben transferir sustancias contaminantes o propias del envase al producto. Esto nos puede resultar especialmente interesante en la actualidad ya que salen a la superficie problemas de salud pública emergentes y controvertidos como los disruptores endocrinos (sustancias con efecto hormonal) o los residuos de plásticos (microplásticos) en nuestro propio organismo, procedentes, en parte, de los alimentos envasados que hemos consumido a lo largo de nuestra vida.

Los envases, en general, están regulados en la Unión Europea (UE) con normativa que hace referencia a los materiales que son aptos para estar en contacto con los alimentos de consumo humano. En este sentido deben cumplir que si hay algunas sustancias del envase que puedan pasar al alimento, éstas no deben suponer un riesgo para la salud humana, ni deben causar modificaciones «inadmisibles» en la composición del producto ni deteriorar sus propiedades organolépticas. Además, existe una política ambiental, la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP) que obliga a las empresas que ponen envases en el mercado a asumir el coste y la organización de la correcta gestión de esos residuos. En España esto se aplica desde hace más de 25 años para los envases domésticos y para los comerciales e industriales es de aplicación desde el 1 de enero de 2025. Así, todos los responsables de envasar productos para su puesta en el mercado o venta al consumidor tienen un papel que jugar en este sentido.

La normativa europea de producción y etiquetado de productos ecológicos no establece requisitos específicos para los envases, aunque sí se deben cumplir principios generales que afectan indirectamente, como:

  • respetar los ecosistemas y los ciclos naturales;
  • mantener y mejorar el estado del suelo, el agua y el aire, la fitosanidad y la salud de los animales, y el equilibrio entre ellos;
  • conservar los elementos del paisaje natural;
  • utilizar la energía y los recursos naturales con responsabilidad;
  • obtener una amplia variedad de productos de alta calidad para responder a la demanda de los consumidores;
  • garantizar la integridad de la producción ecológica en todas las etapas de los procesos de producción, transformación y distribución de los alimentos.
alimentos envasados en supermercado
123RFLimited©wavebreakmediamicro. Muchos envases de gran consumo son inadmisibles

Los envases para alimentos ecológicos deberían cuidar especialmente de la salud de las personas y del medio natural, usando los materiales más inocuos y también los envases más ajustados y estrictamente necesarios. De hecho, ciertas organizaciones ecológicas certificadoras, como la Soil Association, Bio Suisse o Bioland, establecen ya requisitos más exigentes, que las empresas asociadas cumplen voluntariamente como gesto adicional a su responsabilidad. En algunos de estos casos no se permite el uso de envases que tengan cloro como el PVC, y el uso de metal o aluminio solo se permite en casos justificados.

El papel y el cartón reciclados, que podrían parecer una buena opción, tienen muchos contaminantes que pueden pasar a los alimentos como componentes de las tintas o ésteres de ftalatos de los adhesivos, pudiendo tener efectos cancerígenos o estrogénicos. Sin embargo, en la UE no se limita su uso, aunque sí en países cercanos como Suiza, donde no se permite el uso de papel reciclado para estar en contacto con los alimentos, o Reino Unido, en que solo se permite usar el papel reciclado elaborado sin cloro. Y uno de los polímeros plásticos más utilizados y considerados más inertes es el PET (tereftalato de polietileno) y como todavía no hay evidencia suficiente sobre que este material pueda ser un peligro para la salud, las botellas PET se pueden producir al 100% a partir de PET reciclado y esto, en la actualidad, las hace tan ecológicas como las botellas de vidrio retornables.

Actualmente, la dispersión de contaminantes en el medio ambiente es tan extensa que incluso los alimentos ecológicos pueden estar contaminados. Aunque existen ya propuestas de tapones y capas protectoras de latas sin ftalatos, la conversión a estos materiales más respetuosos es muy compleja y cara. Y en este territorio de los envases aparecen también sustancias usadas en forma de nanopartículas que no están tampoco exentas de riesgo y controversia.

Muchas de ellas están en estudio y tres están aprobadas en la Unión Europea para su uso en envases para alimentos como son el dióxido de silicio, el carbón negro y el nitruro de titanio. Se suelen usar para impedir el intercambio de gases entre el interior y el exterior del envase o para proteger los alimentos de la radiación ultravioleta. La nanotecnología interesa puesto que permite mejorar la eficiencia de los envases y reducir costes, pero aún nos queda mucho por saber sobre estas partículas de tamaño más pequeño que lo que está presente en la naturaleza o en nuestro propio organismo.

Autora: Laura I. Arranz, Doctora en Nutrición, farmacéutica y dietista-nutricionista

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