Entrar en un hospital no es plato de buen gusto para nadie, ni para los pacientes ni para los acompañantes, y aun menos cuando la experiencia se alarga. Entre pruebas, visitas de médicos o los momentos interminables en las salas de espera es habitual acercarse a la cafetería o a las máquinas expendedoras para tomar un café o comer alguna cosa rápida para mantener la energía, calmar la sed o apaciguar momentáneamente el hambre. La sorpresa llega al ver las opciones disponibles: un cóctel de productos poco saludables.

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Seleccione su producto: azúcares, aditivos, grasas saturadas…

Quien más quien menos, todos somos conscientes de que la alimentación es un pilar fundamental para la salud. Las autoridades sanitarias lo reafirman año tras año y las campañas de promoción de la salud pública lo muestran en los mismos centros sanitarios. Parecería lógico, entonces, que estos fueran coherentes y consecuentes con su mensaje y pusieran a disposición de los usuarios alimentos ecológicos, saludables y nutritivos. No obstante, al echar un vistazo a la oferta alimentaria que se ofrece en las máquinas de los propios centros, el discurso se desmonta.

La teoría nos la sabemos todos, pero sigue fallando la práctica

En su gran mayoría, se trata de alimentos ultraprocesados, altamente calóricos y con perfiles nutricionales que dejan mucho que desear. Es más, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) desaconseja su consumo regular y excesivo. El menú promedio que podemos encontrar suele ser:

  • Chocolatinas que contienen grandes cantidades de azúcar y carbohidratos refinados, la combinación perfecta para aumentar el nivel de azúcar en la sangre.
  • Patatas fritas, una bomba calórica con grasas saturadas, exceso de sodio (sal), glutamato, gasificantes y otros aditivos, además de acrilamida, una sustancia química derivada del proceso de fritura a altas temperaturas señalada por múltiples estudios científicos como carcinógena.
  • Bollería industrial y galletas elaboradas a partir de cereales y azúcares refinados (y muchas de ellas bañadas en chocolate), que aportan una cantidad significativa de calorías en comparación con su contenido en fibra y proteínas, que suele ser bajo.
  • Golosinas, chicles y chucherías cuyo ingrediente principal es el azúcar, el jarabe de glucosa, colorantes, acidulantes y aditivos, el consumo de las cuales se asocia a enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión, entre otras.
  • Refrescos, bebidas azucaradas y energéticas repletas de calorías vacías, con altos niveles de azúcares y carbohidratos, sin rastro de vitaminas ni minerales.

Los únicos productos que podrían salvarse serían los frutos secos, siempre y cuando no estuvieran fritos ni salados, opciones poco habituales en este tipo de máquinas. Lo mismo ocurre con las barritas energéticas o de cereales que, aunque se asocien a un producto saludable rico en fibra y carbohidratos complejos, a menudo presentan perfiles nutricionales muy bajos debido a las grandes cantidades de azúcares y grasas saturadas.

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¿Cómo quiere su café, con azúcar o con mucho azúcar?

Las máquinas de café tampoco se salvan. Tras seleccionar el tipo de bebida, la máquina coloca automáticamente un vaso y un palito para mezclar (que, por cierto, en muchos casos siguen siendo de plástico) debajo del dispensador. Si no te has acordado de quitarle el azúcar añadido, pudiera ser perfectamente que una parte considerable del vaso se llene con este edulcorante antes de dispensar la bebida. Un estudio de la AESAN publicado en 2020 revela que la dosis media de azúcar subministrada por las máquinas por defecto es de 3,8 gramos, y que, en la mayoría de las máquinas, la dosis por defecto es de 6 gramos. Recordemos que la recomendación general de la Organización Mundial de Salud relativa al consumo máximo de azúcar para adultos es de 25 gramos (o 6 cucharaditas) al día. Esto quiere decir que un solo café de máquina en un hospital representaría el 25% de la ingesta de azúcares máxima diaria.

A inicios de 2026, las máquinas expendedoras siguen promocionando las calorías vacías, las grasas trans y otros nutrientes nocivos

Una regulación que se sigue ignorando

En febrero de 2023, la Conselleria de Salut de la Generalitat de Catalunya aprobó una instrucción regulatoria sobre la disponibilidad de alimentos y bebidas en las máquinas expendedoras de los centros y servicios sanitarios del sistema sanitario público de Catalunya (SISCAT). Entre sus recomendaciones, establecía que un 75% de los artículos ofrecidos en las máquinas deberían ser saludables y sostenibles (fruta y hortalizas frescas, frutos secos variados, tortitas de maíz o palitos de pan).

La medida debería de haberse implantado en un plazo de seis meses, pero a inicios de 2026, las máquinas de muchos de los hospitales siguen promocionando las calorías vacías, las grasas trans y otros nutrientes nocivos que traen consigo excesos de colesterol y numerosas enfermedades. «La alimentación es un determinante fundamental del estado de salud de las personas, tanto en lo que se refiere a la prevención de enfermedades por carencia de alimentos como al desarrollo de problemas de salud crónicos. Asimismo, muchos de los problemas de salud atendidos en el sistema sanitario se relacionan con una inadecuada alimentación», expone el departamento sanitario.

La teoría nos la sabemos todos, pero sigue fallando la práctica. Y, paradójicamente, la alimentación ecológica, saludable, nutritiva y de calidad, sigue brillando por su ausencia en los centros hospitalarios, tanto en las máquinas expendedoras, como en las cafeterías y en los menús de los pacientes ingresados.

Autora: Ariadna Coma, Periodista

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