Hay proyectos que ayudan a entender cómo se ha construido un sector, y BioCultura es uno de ellos. Desde sus inicios hace más de 40 años, ha sido un punto de encuentro para productores ecológicos y consumidores que compartían una misma inquietud, cuando todavía no existía un mercado estructurado ni un marco claro. Un marco que la propia feria y su matriz, la Asociación Vida Sana, contribuyeron a construir hasta que se institucionalizó a nivel nacional y, después, europeo.
Hablar con Ángeles Parra es, en ese sentido, volver a ese momento inicial y contrastarlo con la realidad actual. Su trayectoria permite seguir la evolución de un movimiento que ha pasado de ser minoritario a tener peso económico, institucional y social.
Esta entrevista se centra en ese recorrido y en lo que viene. En lo que el sector ha conseguido consolidar y en los desafíos para su desarrollo en los próximos años, desde la entrada de nuevos actores hasta la necesidad de preservar el sentido original de lo ecológico.

Más de 40 años de BioCultura (y 32 ediciones en Barcelona). Si tuvieras que quedarte con un momento clave, ¿cuál sería?
Muchos años, muchas experiencias y muchísimas lecciones han marcado el pasado, y siguen marcando el futuro de BioCultura. El primer año fue, sin duda, un momento clave en el estado español. Por primera vez se reunían, en un mismo espacio (la Casa de Campo de Madrid), más de 14.000 personas que tenían inquietudes por su salud, la alimentación, la agricultura y el medio ambiente; hasta ese momento, me atrevería a decir, que caminaban cada una por sendas distintas con las indudables consecuencias negativas de esta visión parcelista. En ese primer año, hablamos del 1985, todavía no existía “oficialmente” la “agricultura ecológica”. La Asociación Vida Sana, organizadora de BioCultura, creó las primeras normas de agricultura biológica y trabajó para que el Gobierno español creara en 1989 el Consejo Regulador de la Agricultura Ecológica hasta que en 1991 se creó el Reglamento Europeo. Así que podemos decir que BioCultura estuvo antes y durante todo el camino que ha llevado a la producción ecológica al momento actual. Ha sido su motor, su guía y también ha marcado, en gran parte, las tendencias del mercado y creado conciencia en el consumidor.
¿Cómo ha cambiado el mundo “bio” desde que empezaste hasta hoy?
Cuando empezamos con la agricultura biológica, hay que reconocer que todavía teníamos pocos conocimientos, ni agronómicos y ni de su industria de transformación, pero la pasión y la convicción de la necesidad de cambiar el rumbo marcado por la mal llamada Revolución Verde… nos animó en un camino sin retorno. El sector se ha profesionalizado, ha crecido y se ha convertido, cada vez más, para muchas personas, en la única vía si queremos conservar nuestra salud y la de nuestro planeta. Así que sí, ha cambiado, pero yo diría que, más que cambiar, ha aprendido, y ha marcado la gran diferencia frente a una agroindustria convencional e industrial que nos lleva al desastre. La agroecología marca la diferencia con una forma de producir y de cuidarse, cuidando a la Naturaleza, que es quien realmente nos cuida. Aunque sí que es cierto que el sector como lo conocíamos hasta no hace tanto… ha cambiado. Hemos pasado de ser productores por convicción a que la gran industria, debido a la gran demanda de alimentos ecológicos, se ha sumado al carro pero únicamente como negocio. Y esto no habría porqué verlo como algo negativo. Yo estoy convencida de que, si hemos llegado hasta aquí, nuestra fuerza puede ser capaz de cambiar todavía muchas más cosas (no sé si ahora mismo eso sigue siendo una utopía, me gusta pensar que no), y conseguir que la producción ecológica sea la única producción permitida y que todas las personas podamos ejercer nuestro derecho a una alimentación libre de productos tóxicos.

¿Qué sigue haciendo única a BioCultura hoy?
BioCultura es especial. No es una feria más, es ese lugar de encuentros que forja amistades ya sean personales o profesionales para siempre. Un lugar donde se aprende a crecer en el amplio sentido de la palabra. Un lugar donde seguimos intentando (¡jejeje…!) “salvar el mundo”. Es bonito comprobar que los niños que veíamos corretear por los pasillos hace años… ahora son eco-emprendedores, o siguen el legado familiar, y traen también a sus hijos a la feria. Me gusta resaltar que la feria ha sido capaz de atraer a un público totalmente transversal, desde un hippie de las Alpujarras hasta la mismísima reina de España. Y esto es todo un logro. Por eso BioCultura es, de alguna manera, el hogar que queremos tener.
¿Qué novedades destacarías de esta edición?
El sector ecológico es innovador, es creativo, y abre mercados y tendencias… Así que habrá muchas novedades: por supuesto en alimentos y cosmética, productos y servicios para hábitos de vida saludables, buscando siempre la excelencia. Destacaría en las actividades a grandes profesionales de la nutrición y la salud. Divulgadores rigurosos. Y también muchas experiencias positivas. Así que viviremos momentos únicos durante cuatro días, del 7 al 10 de mayo en La Farga de L’Hospitalet (Barcelona).
El consumidor ecológico es diferente al de hace algunos años. ¿Qué te llama la atención del cambio?
Aunque el motivo de compra de alimentos ecológicos sigue siendo y, de largo, la salud, sí que me alegra comprobar que cada vez hay más personas y muchos jóvenes interesados más allá de la salud personal. Nos damos cuenta cómo nuestra cesta de la compra es más poderosa para cambiar políticas que ir a votar una vez cada 4 años. Consumir ecológico tiene un gran poder transformador y nos convierte como ciudadanos en precursores y defensores de nuestro presente y futuro como sociedad. Estamos despertando a muchas mentiras que en aras del progreso nos han vendido. Creo que, de alguna manera, volvemos a retomar la pasión activista, que marcó el origen del movimiento de la producción ecológica, pero con más conocimientos, con más datos, e, incluso, con la valentía de reconocer que seguir mirando hacia otro lado… no nos salvará.

A las marcas del sector: ¿qué están haciendo bien… y qué no?
El sector ha crecido, se ha transformado; el relevo generacional también ha marcado cambios en las empresas que fueron pioneras en nuestro país. Se están haciendo muchas cosas bien, hasta tal punto que somos el espejo donde se mira el I+D para seguir avanzando. Creo que el sector ha sabido posicionarse con productos de alta calidad, con procesos que respetan el medio ambiente y que son regenerativos. Sin embargo, sí que criticaría cuando nuestras industrias pretenden imitar productos que se asemejan a los “convencionales ultraprocesados”, sinceramente creo que eso nos aleja y confunde al consumidor. Y algo que nos falta todavía mucho, es crear marca, pero eso, se conseguirá poco a poco cuando las empresas tengan la solvencia suficiente como para destinar recursos de marketing a ello. Ahora bien, creo que el gran logro de nuestro sector, sin lugar a dudas, es haber conseguido que la Eurohoja, el sello ecológico europeo, sea el distintivo más reconocido por los consumidores (más del 60% lo reconocen).
¿Sigue siendo necesario un espacio como BioCultura en 2026? ¿Por qué?
BioCultura sigue siendo la feria de referencia del sector ecológico, pero también el de la cosmética eco-natural certificada, moda sostenible y de todos aquellos sectores relacionados con la salud. Así que sí, sigue siendo una feria necesaria como lugar de encuentro profesional para todos estos sectores, pero también y, sobre todo, un lugar donde divulgar y poder mostrar al consumidor que busca productos de calidad y la gran oportunidad para conocer a las personas que están detrás de lo que consumimos. Por otra parte, en BioCultura es igualmente importante la actividad paralela: conferencias, debates, jornadas donde aprender y compartir conocimiento. Así que creo que, más que necesaria, es ¡imprescindible!

¿Cuál es el mayor reto del mundo ecológico ahora mismo?
Siempre ha habido obstáculos, retos, y así es esta aventura de la vida en la que nos embarcamos hace más de 40 años. Primero fue el rechazo; luego, las acusaciones para hacer su desarrollo controvertido; después, la aceptación al reconocer que era un movimiento imparable; y en este momento la estrategia del juego de la confusión para seguir vendiéndonos lo que quieren. Se conoce como “greenwashing”. Es, en definitiva, disfrazar con palabras una industria alimentaria y de productos de higiene y cosmética, principalmente, que distan mucho de ser sanos. Por nombrar alguna de esta palabrería utilizada por la gran empresa convencional: natural, artesano, sostenible, regenerativo, de proximidad… Bonitos nombres, con significado muy profundo, que el marketing utiliza de forma fraudulenta e interesadamente porque saben que vende.
¿Después de tantos años, ¿qué te sigue motivando?
En mi mentalidad de la adolescente que era hace tantos años, mi objetivo en un mundo ideal… era conseguir que los alimentos ecológicos fueran lo normal, y que, por tanto, no hubiera que distinguirlos de ninguna manera, con ningún sello. Sigo pensando que eso es posible, y eso es motivo suficiente para seguir adelante. Aunque, a veces, he de reconocer que flaquea la fuerza, pero confío en que, por encima de la avaricia, del ansia de poder, de la tiranía de muchos humanos que han perdido su conexión con lo verdaderamente importante, prevalece el amor, y la fuerza de lo invisible y que eso es lo que triunfará.
BioCultura en una frase.
Como su nombre indica “Cultura de la Vida y en defensa de las generaciones futuras”.
- Más información sobre BioCultura en www.biocultura.org
Autor: Oriol Urrutia, Editor.
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