Álvaro Goicoechea es licenciado en ADE y director de Fairtrade Ibérica, el sello de referencia que certifica a los productos de Comercio Justo en España y Portugal.

Fairtrade

¿Qué productos necesita nuestro planeta? 

Es una combinación de productos, pero también un consumidor que demande este tipo de productos o un nuevo tipo de productos. Necesitamos productos responsables, sostenibles, que aseguren un futuro para las personas y para el planeta y donde todo el mundo se quede tranquilo con las condiciones en qué estos se están produciendo o fabricando: que se cumple unos requisitos mínimos, que los productores no pasan hambre, que tengan un salario digno, que se cumplen los criterios medioambientales. Creo que es el tipo de productos y de servicios que la gente necesita, pero me gusta hacer énfasis porque no siempre podemos poner en el ‘deber’ en las empresas. También nosotros, como consumidores, debemos exigir a las empresas que queremos esos productos, que fabriquen productos con esos estándares. El ‘deber’ está al 50% entre consumidores (la sociedad) y las empresas que los ofrecen.

«Necesitamos productos responsables, sostenibles, que aseguren un futuro para las personas y para el planeta»

¿Qué valor dais a la trazabilidad y qué aporta Fairtrade para conseguirlo?

Aportamos, mediante un sello que está presente en el packaging, la garantía de que ese producto está siendo auditado, especificado y que se hace un seguimiento de toda la cadena de aprovisionamiento. Tenemos nuestros estándares y nuestros precios mínimos, que son públicos, y las auditorías que, evidentemente no son públicas, pero pueden asegurar que detrás hay un sistema internacional con una central, una auditoría independiente, una red de productores y unos países donde comercializamos los productos. Hay gente que va más allá: ya se encuentran QR para poder hacer la trazabilidad. Es un proyecto que está encima de la mesa. Pero nosotros tenemos otro proyecto para el año que viene: mediante una especie de aplicación web que no va a ser pública al consumidor, pero sí para las empresas.

Independientemente del mecanismo que utilicemos, los sellos o las certificaciones, creo que la gente muchas veces quiere quedarse tranquila con los productos que compran. Somos, afortunada o desafortunadamente, muchas certificaciones. Hay 25 certificaciones encima de la mesa, unas son de comercio justo, otras son sostenibles, otras son de ecológico, otras son de productos sin alergia al gluten, cada una con su sello y, a lo mejor, tendríamos que ponernos todos de acuerdo para intentar comunicar de una manera mucho más fácil al consumidor todo lo que hay detrás de un producto.

«Como consumidores, debemos exigir a las empresas que fabriquen productos con esos estándares»

¿Cómo se puede conseguir comunicarle esto más directamente al consumidor? 

Nuestro trabajo se basa en tres pilares fundamentales: el social, el medioambiental y el económico. El económico no viene ni más ni menos que a reforzar el hecho que haya un salario digno, la parte medioambiental y la parte social. Durante mucho tiempo el Comercio Justo se ha visto, y lo hemos comunicado internamente, más en el aspecto social de defensa de los derechos de los productores, aunque también trabajamos el tema de medioambiental. No somos especialistas en medioambiental, con lo cual, hay un defecto por parte de Fairtrade de no haber sabido muy bien comunicar todo el trabajo que se hace.

Lo primero que tenemos que hacer es establecer unos criterios y un vocabulario claros para el consumidor. Cuando hablamos de lo ambiental, de lo social, de lo económico, son aspectos, palabras, vocabulario que todo el mundo utilizamos y quedan muy bien. Pero la gente necesita ejemplos concretos, como puede ser la lucha contra el cambio climático, la protección del trabajo infantil, la defensa y el apoderamiento de la mujer (que siguen siendo aspectos también especialmente genéricos). La gente quiere ejemplos prácticos de cómo estamos estableciendo mecanismos de defensa y mecanismos de denuncia en las redes de productores en el caso de que haya o se detecte un caso de trabajo infantil. No podemos poner todo en el ‘debe’ en las empresas. Lo que les pedimos a las empresas es que intenten comunicar lo máximo posible en el packaging, ya sea en la parte de atrás, los criterios con los que están trabajando.

«Lo primero que tenemos que hacer es establecer unos criterios y un vocabulario claros para el consumidor»

Luego hay una parte fundamental de las empresas de distribución, que son al final las que venden su marca, y otras marcas, y tienen en las estanterías los productos para que la gente elija y ponga determinados carteles informativos de por qué están esos productos ahí, que es lo que aportan. Y como certificadora, como parte del movimiento del comercio justo y otros movimientos vinculados a la sostenibilidad, tenemos que formar al cliente. La gente a veces tiende a confundir, o no hemos sabido explicar con correctamente, los términos Fairtrade, sostenible, ecológico o sin gluten. Y a veces hay que diferenciar unas cosas de otras. Es una labor por nuestra parte comunicar y dar información sobre los productos. Nuestro objetivo es que cuando el cliente vaya a comprar un producto se tome máximo 10 segundos en cogerlo, darle la vuelta y ver en la parte de atrás del packaging de dónde viene, cómo está auditado y fabricado. Y en función de eso, que decida si lo puede comprar o no. Lo ideal es que, con un sello, la gente sepa lo que está detrás.

Estamos mucho mejor ahora que hace 10 años.

Se ha avanzado muchísimo, pero queda mucho por hacer. La gente cada vez es más sostenible y creo que de las pocas consecuencias positivas que puede traer la pandemia es que la gente se ha vuelto un poquito más solidaria, un poco más responsable, un poco más sostenible. Hemos recortado nuestra diferencia con respecto a otros países europeos, pero es verdad que la sostenibilidad ya está mucho más integrada en sociedades como la alemana, la suiza, la austriaca, donde esas bases que nosotros estamos intentando ahora fomentar se constituyeron hace 15 o 20 años. Nosotros ahora estamos instalando esa base. En España llevamos cinco, diez, quince años de retraso pero estamos acortando el paso, hemos apretado el acelerador y queda menos camino por recorrer para estar a la altura que otros países europeos.

«Hemos apretado el acelerador y queda menos camino por recorrer para estar a la altura que otros países europeos»

Las categorías que se asocian más típicamente al Comercio Justo son el café, el cacao y el azúcar. ¿Qué otras categorías están despuntando y veis más potencial de crecimiento?

Durante mucho tiempo el comercio justo se reconoció porque el producto líder fue el café. Poco a poco se han ido incorporando nuevas categorías. La categoría líder, a día de hoy por un boom en ventas, es el cacao. Ya supera el nivel de ventas que había por parte del café por dos efectos fundamentales: hay muchas más empresas que están apostando por el cacao y hay mucha más variedad de productos. Otro producto es el azúcar. Hace relativamente poco incorporamos categorías nuevas, como la banana o las flores Fairtrade, y estamos trabajando para que sean productos constantes y no estacionales. Tenemos un montón de derivados, que son categorías que se habían quedado estancadas pero que están evolucionando, como los fermentados, ante la innovación y lanzamiento de nuevos formatos. Y luego tenemos categorías como la de textil, donde el único producto que hemos certificado es algodón.

La dependencia y el valor de venta del café y el cacao son muy importantes, pero hay otras categorías que a lo mejor en valor son mucho menores, pero que aportan un valor añadido en el sector. El hecho de que vayas a un supermercado y te encuentres que la bolsa de la compra es de algodón o que la persona que está atendiendo en el punto de venta lleva una camiseta de algodón certificada, le da mucha más visibilidad al trabajo que estamos haciendo.

«La dependencia y el valor de venta del café y el cacao son muy importantes, pero hay otras categorías que aportan un valor añadido en el sector»

¿Esta innovación y estas nuevas categorías van a ser las tendencias más destacadas del próximo año?

Cada vez hay más apuesta por parte del retail por desarrollar su propia marca con certificación. Estamos trabajando con otros canales de distribución, con lo cual hay una posibilidad en España de poder desarrollar marcas privadas o marcas blancas con el sello Fairtrade, que además ha sido uno de los grandes dinamizadores de venta en el resto de los países de Europa y el diferencial de ventas de los productos y la media de consumo por habitante y año de productos Fairtrade en España. Hay nuevas tendencias y creo que la gente va a tener que innovar. Es verdad que luchamos por un concepto de Comercio Justo muy fundamentalmente basado en las tiendas de alimentación y de cercanía. Y las vamos a seguir defendiendo porque fueron las generadoras y las originarias del movimiento de comercio justo. Pero no podemos ser ajenos a las tendencias de consumo a día de hoy. La gente compra online, pues los productos de comercio justo se tendrán que vender online.

¿El comercio justo puede llegar a ser mainstream? Es decir, ¿puede conseguir esta transformación social y sostenible en el sistema alimentario?

No lo veo como un desafío utópico, pero cada vez más cercano. Las empresas se están dando cuenta de que los consumidores, ellas mismas, sus empleados, sus proveedores, se están cuestionando. El objetivo de Fairtrade no es que todos los productos sean certificados, es que las empresas sean sostenibles y den condiciones de vida justas a los productores a futuro. La mayoría de las empresas van a tener que producir de forma sostenible, certificada, auditada y garantizada por alguien o por algo. Y ojalá dentro de poco tiempo me tenga que dedicar a otra cosa que no hacer esto, porque por lo menos los genes de funcionamiento se trabajarán de alguna manera. Es un choque que necesita formación, inversión. O sea, asegurarse de que luego todo esto luego va a tener una salida directa.

“El futuro es justo”: ¿por qué este lema? 

No quiere decir que todo el futuro pasa por el comercio justo. Somos optimistas viendo con optimismo de que el futuro va a ser justo a todos los niveles, porque no hay justicia social si no hay justicia medioambiental, no hay justicia medioambiental si no hay justicia social, no hay justicia social si no hay justicia económica. Lo vemos desde un ámbito tan amplio que lo que pretendemos es transmitir a la sociedad que sea optimista, que mire a futuro con optimismo y con ojos de justicia genérica: para empresas, consumidores, clientes, productores, el cambio social, la mujer, los niños, etc.

Autor: Oriol Urrutia, Co-editor y Politólogo.

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